sábado 26 de diciembre de 2009

LO QUE QUEDA DE HOY | La reacción

¿Te acuerdas de cómo nos conocimos? “De eso hace ya diez años”. ¿Pero te acuerdas o no? “Sí, sí que me acuerdo, pesado”. Nunca te he contado una cosa. “Pues cuéntamela ahora”. ¿Sabes por qué te hablé? “No, todavía no”. Porque me gustaste a rabiar. “Tú a mí también, pesado”. ¿Y por qué no me dijiste nada? “¿Y por qué no lo dijiste tú?” ¡Vaya par de imbéciles! “Desde luego”. No te he contado otra cosa. “¿Otra?” Nunca estuve enamorado de mi chico. “Vaya, eso sí que es una novedad”. ¿Te puedo besar? “Primero, emborrachémonos. ¡Bebe!”. Pero, ¿te puedo besar o no? “Que sí, pesado. Si yo llevo diez años deseándolo”. ¿Y por qué has tardado tanto en decírmelo?

Me duele mucho la cabeza. “A mí también”. Este hotel no está nada mal. “Sí, me encanta su silencio. Está muy bien insonorizado. Cállate y sigue durmiendo". ¡Que te den!

Oye, ya es muy tarde. Tendremos que llamar, ¿no? Algo habrá que decir. “Yo ya no tengo nada que decirle. Lo dejé anoche, ¿no te acuerdas? Por eso quedé contigo, para celebrarlo”. Ya, pero yo todavía no le he dicho nada, joder. ¿Ves? Tengo nueve llamadas perdidas. “Pues llama y dile que estás conmigo, en mi casa, y que no se preocupe". Vale, eso le digo.

“¿Lo hacemos otra vez? Anda, que me ha gustado muchísimo. Si llego a saber que lo hacías así, le hubiera dejado hace diez años”. Pues haberlo intentado, idiota. Le he dicho que no voy a dormir. “Por supuesto, nos quedamos aquí hasta mañana, metidos en la cama, sin salir. Voy a pedir la cena”. Pero después, ahora repetimos. “Así me gusta”.

"¿Y qué le vas a decir?” No sé, que me he cansado, supongo. Que me aburre. Que ya no me pone. “Joder, no seas tan brusco. Son muchos años”. Llevas razón. Le tendré que decir la verdad. Que llevo diez años enamorado de ti, cabrón. “Pues no sé que es peor”.

“¿En serio llevas diez años enamorado de mí?” No sé, en realidad, no, creo. Me has gustado mucho siempre, eso sí. “Tú a mí también, pero de ahí a estar enamorado hay un trecho, ¿no?” Claro. Me dabas morbo, pero supongo que el tiempo me acostumbró a esa sensación y a no sobrepasarla. “Joder, te estás recuperando”. Sí, ya no me duele la cabeza. “La cena estaba de vicio”. Tú sí que estás de vicio. “¡Ven!”.

Si no le hubieras dejado no me habría atrevido a confesarte la verdad, a decirte lo que te dije anoche. “Pues me alegro de haberle dejado”. Pero si tú no sospechabas lo que yo te iba a contar. “Por eso me gusta más. Fue una sorpresa y una doble celebración. Fue lo que nos ha llevado a esto. Y estoy encantado". Yo también. En el fondo, creo que llevaba años esperando a que todo se deteriora para dar este paso. “Anda, no pienses más, pesado”. ¡Bésame!

“No contesta, no está en casa”. Mejor, así no te preocupas. “Ya, pero es extraño, con lo aburridamente casero que es”. Bueno, qué más te da, si ya lo habéis dejado todo claro, encima de la mesa, cada uno por su lado. “Sí, pero seguimos viviendo allí, al menos déjame que le trate como compañero de piso, ¿no?” Haz lo que quieras.

“¿Qué te ha dicho, cómo se lo ha tomado?”. No muy mal, la verdad. Me ha dicho que se lo imaginaba desde hace tiempo, que siempre llevábamos un rollito raro. ¿Tú te crees? “No tiene ni idea, el pobre. Bueno, déjale que se crea que lo sabe todo”. Está rabioso, pero no ha llorado. “Pues entonces no te quería de verdad”. Puede ser.

¿Será cabrón? Me dice que mañana saca sus cosas de allí, que se va con su hermana. Y que no vaya hasta por la noche, que no quiere verme. “¡Joder, qué enrollado! Así da gusto”. Éste tenía otro por ahí, si no, no es normal esta reacción, no lo entiendo. No quiere hablar, no quiere que le dé explicaciones. Qué fuerte. “Mejor, tonto, así no te desgastas. Ven aquí, anda”. ¿Otra vez? “Sí, y luego una más y a dormir”. Vale.

¡Pero qué tío! “¿Qué pasa ahora?” Éste, que me dice que ya ha terminado. “Duerme”. ¡Joder, le importo una mierda! “No seas tonto, mejor así”. Pero es que se lo ha tomado como si tal cosa, como si fuera normal después de tantos años, como si de un día para otro pudieras hacer una mudanza porque te deja tu pareja y a otra cosa, mariposa. “Bueno, es un chico civilizado, ¿qué más quieres?" ¡Que se vaya al carajo!


© Francí Xavier Muñoz, 2009
Lo que queda de hoy... La vida, observada. Día 23

NOTICIAS | El Senado aprueba la histórica reforma sanitaria de Obama

El Senado aprueba por 60 votos contra 39 la reforma sanitaria.- Las empresas estarán obligadas, vía impuestos o multas, a asegurar a sus trabajadores

ANTONIO CAÑO - Washington
ELPAIS.com - Internacional - 24-12-2009

Barack Obama ha empezado este jueves a construir un legado excepcional. La aprobación en el Senado por 60 votos contra 39 de su histórica reforma recoge por primera vez el derecho de todos los norteamericanos a la atención sanitaria y otorga a este país las condiciones propias de una nación civilizada. La Navidad de 2009 quedará registrada en la memoria como una de las grandes fechas que marcaron el carácter y devenir de Estados Unidos.
Se trata, por supuesto, de la mayor noticia del año y quién sabe si de toda la gestión de Obama. Siete presidentes, al menos, quisieron hacer historia con la reforma del sistema sanitario sin conseguirlo. Decenas de veces se ha intentado esta proeza para culminar en la melancolía de una sociedad que se llegó a sentir más débil que sus compañías de seguros. Falta aún, casi protocolariamente, la conciliación de la ley aprobada hoy en el Senado con la que la Cámara de Representantes pasó el mes pasado.
Pero, aunque quedan diferencias apreciables, es ya casi imposible que un puñado de congresistas pueda ahora detener este ciclón de cambio.
La suerte está echada. Estados Unidos tendrá un nuevo sistema de salud, para fortuna de los 31 millones de personas que conseguirán la cobertura que ahora no tienen y para desgracia de los que creen que el Estado irrumpe con esta ley en la actividad privada de los ciudadanos y destruye una tradición individualista que enorgullece a esta nación.

La legislación más importante

Obama, claramente, está entre los primeros. "Nos encaminamos a cumplir con la promesa de una reforma real y significativa que traerá estabilidad y seguridad para el pueblo norteamericano. Ésta es la más importante legislación social desde la creación de la seguridad social en 1930", aseguró el presidente.
Remarcando la trascendencia de la ley, el Senado la ha votado el día de Nochebuena poco antes de las ocho de la mañana, después de varias semanas de trabajo ininterrumpido día y noche. Es la primera vez desde 1895 que el Congreso vota en la víspera de Navidad.
Pese a la fecha, el Capitolio estaba a rebosar de público y de emoción. Se vivieron escenas cómicas justificadas por la fatiga y los nervios, como la del jefe de la mayoría demócrata, Harry Reid, votando erróneamente en contra. O la del senador Robert Byrd, levantando de la silla de ruedas su voz de anciano de 92 años para exclamar: "En recuerdo de mi amigo Ted Kennedy, sí".
La viuda de Kennedy, Vicki, gritó de emoción entre el público cuando se comunicó el resultado de la votación. El empuje del viejo león de Massachusetts, quien durante años batalló en solitario por una reforma como ésta, se ha echado en falta en algunos momentos de este debate para llamar la atención sobre hechos como el que recordó en uno de sus últimos discursos: pese a toda la demagogia, el 75% del seguro de salud de los congresistas lo paga los contribuyentes.

Críticas conservadoras

Las críticas conservadoras obvian esa realidad y observan esta ley como un auténtico paso hacia el precipicio. "Ni el mismísimo Ebenezer Scrooge [el perverso personaje de Charles Dickens] podría haber concebido un plan tan cruel como la ocupación del sistema sanitario que han hecho los demócratas", ha declarado el líder republicano en la Cámara de Representantes, John Boehner.
Existe, ciertamente, preocupación legítima entre los ciudadanos por un salto que temen que pueda ser en el vacío. Un 52% de la población, según las últimas encuestas, desaprueba esta ley. Pero la Casa Blanca confía en que esa cifra cambiará en cuanto ceda la enorme campaña de propaganda en contra de la reforma y empiecen a conocerse sus ventajas.
También se olvidarán muy pronto las quejas de la izquierda. Nadie que atienda a esas encuestas y haya seguido el fiero debate que este país ha mantenido durante los últimos nueve meses puede pensar que se podía ir más lejos de lo que se ha ido. Esta reforma está, simplemente, en el límite de lo imposible.
Para Obama es más que suficiente. "Cumple el 95% de lo que yo quería", declaró el viernes a la radio pública. "Yo he estado a favor de una opción pública, pero sería absurdo renunciar a todas las extraordinarias reformas que esta ley incluye sólo para defender la opción pública".

Sin opción pública

No hay opción pública pero todos los norteamericanos recibirán ayuda del Estado para pagarse un seguro, ninguna aseguradora podrá rechazar a un paciente por condiciones médicas preexistentes, ninguna compañía podrá expulsar o subir las cuotas de los asegurados que contraigan una enfermedad grave, ningún norteamericano perderá su seguro al perder su puesto de trabajo, todas las empresas estarán obligadas -vía impuestos o multas- a asegurar a sus trabajadores. No hay opción pública, pero una agencia del Estado se encargará de organizar y ofrecer planes nacionales de cobertura elegidos entre una bolsa de aseguradoras.
Pueden hacérsele a esta ley todas las objeciones propias de un producto fruto de la negociación y del pragmatismo, de la democracia en fin. Entre otras, la de que algunas de las reformas aprobadas no entrarán en vigor hasta 2014 -¿qué sistema puede permitirse la irrupción de repente de 30 millones de asociados?- Pero, con todos sus matices, lo aprobado por el Senado de EE UU contribuye al perfeccionamiento del sistema norteamericano.


http://www.elpais.com/articulo/internacional/Senado/aprueba/historica/reforma/sanitaria/Obama/elpepuint/20091224elpepuint_5/Tes

viernes 25 de diciembre de 2009

LO QUE QUEDA DE HOY | El after

Se tomó un respiro y bajó a la planta baja del edificio, donde se bifurcaban diferentes secciones de mantenimiento y logística, departamentos ajenos por completo a la vorágine de informes y estadísticas que él tenía que resolver cada jornada. Se entretuvo hablando con unos compañeros de otra planta y, al final, entró a la cafetería de fumadores, donde pidió un tentempié de media mañana. En ese momento lo llamó al teléfono móvil su pareja, que se extrañó de encontrarlo tan holgazán a esas horas, pues no solía descansar hasta el paréntesis de la comida. Le consultó sobre unas cortinas que tenían que comprar por la tarde y sacó un papel de su cartera para recordar las medidas exactas, que había anotado la tarde anterior en casa. En ese instante apareció junto a él un chico joven de la distribuidora de bebidas que suministraba a la cafetería y le pidió fuego, con un tono remarcadamente masculino, que a él le sonó incluso chulesco. El chaval hizo un gesto al camarero, señalando el refresco medio consumido sobre la barra, y al rato fue sustituido por uno nuevo. ¿Pero por qué me invitas, si no había terminado todavía? “Es igual, te tomas otro a mi salud, por el fuego, que yo creo que eres el único no ‘estirao’ que hay por aquí. ¿Qué tal?”. Se presentó y le extendió la mano. Encantado… Le dijo su nombre, estrechándosela. “Ya, ya lo sé”, dijo sonriendo, mientras daba el primer trago a su cerveza y pedía un montado de lomo. Se quedó atónito, mirándolo fijamente, mientras el chico ni se inmutaba. “¡No te asombres! Lo que pasa es que yo no te dije mi nombre, no tuvimos tiempo”, y se rió con una incipiente carcajada, que no despertó la curiosidad de nadie, afortunadamente. No pudo evitar mirar hacia arriba, hacia abajo y hacia los lados, como hacía cada vez que se sorprendía de algo y dudaba de sí mismo. Pero… ¿nos hemos visto antes? Yo no te recuerdo. Ahora fue el chaval quien lo observó perplejo, no sin un punto de desilusión en la mirada. “Pues vaya, tío, qué fuerte lo tuyo… Si que ibas puesto, entonces, macho… ¡Joder, pues no lo parecías, cabrón!” y se volvió a reír, con la misma intensidad disimulada de antes. “¿No te acuerdas de nada, de nada…?” No, de verdad. “¡En el ‘after’, el domingo por la mañana! Nos conocimos en la pista, estuvimos hablando, bailando…” Algo parecía comenzar a recordar, ahora que el chico le daba los primeros indicios, que todavía navegaban en la nebulosa de su memoria. Se acordaba de haber ido a ese ‘after’ con su pareja y unos amigos, pero las imágenes que le iban llegando a la retina estaban fragmentadas e inconexas, y sólo el caos de su visión era capaz de unirlas en una secuencia aparentemente cronológica. La verdad es que soy consciente del pedo que tenía, eso sí… Sé que no paraba de hablar con alguien… “¡Toma, claro, conmigo, que llevaba también un ‘morao’ de órdago!” ¡Ah…! ¡Es cierto!… Sentí cosas raras, sensaciones nuevas… Lo achaqué a lo que había estado tomando toda la noche, por primera vez… “¡Y tanto, yo también lo probé esa noche! Eso fue lo que nos hizo hablar, precisamente, tío… ¿No lo recuerdas? Por eso nos pusimos a charlar...”, y se rió otra vez, procurando ser más comedido todavía. Ya, ya empiezo a acordarme… Es verdad… Si al final nos quedamos solos tú y yo, dándole sin parar a la lengua… El chaval sonrió, emprendiendo el último bocado, congratulándose, al fin y al cabo, de no haber caído en el olvido, como temió al principio de la conversación, que continuaron, hablando de los respectivos días que habían precedido a su inesperado reencuentro en esas oficinas. Después de un buen rato, le guiñó un ojo e inclinó levemente la cabeza hacia un lado, ya que su locuacidad parecía denotar una ubicación complacida en la pista del ‘after’. “¡Bueno, macho, pues voy al baño, ¿vale?!”, y le dio una fuerte palmada en el hombro izquierdo, alejándose en dirección a los servicios, pero volviendo la cabeza atrás un par de veces. Entonces fue cuando cayó en la cuenta y, aturdido por la coincidencia, abrió los ojos todo lo más que pudo, entre avergonzado y eufórico. Giró en ese momento sobre sí mismo y se encontró con su mirada lejana, que lo seguía persiguiendo fuera de aquel ambiente. Apuró la bebida de un trago, entornó los labios en una mueca de satisfacción, y enfiló la trayectoria de su colega, dispuesto a repetir lo que había nublado sus sentidos aquella mañana de domingo en ese ‘after’… desconectando convenientemente el teléfono móvil.


© Francí Xavier Muñoz, 2008
Lo que queda de hoy… La vida, observada. Día 22

LO QUE QUEDA DE HOY | La llamada

No reconoció el número que salía en la pantalla pero, aún así, contestó, aunque tenía la costumbre de no hacerlo si quien llamaba no estaba grabado en la agenda del móvil. Al principio no escuchó nada, salvo una agitada respiración. Después, colgaron y volvieron a llamar pasados unos minutos. Ahora sí, su voz era inconfundible. Más bien, su grito. Esa manía de hablar a voces no se le había quitado todavía. Habían pasado cinco años sin saber nada el uno del otro. Pero es como si hubiésemos hablado ayer mismo, ¿eh? Es lo que siempre me ha asombrado de nosotros. Le contó que había ingresado por tercera vez en una clínica de rehabilitación y que, ahora, por fin, estaba curado. Del todo. Esta vez del todo, ¿eh? De los veinte años de amistad que les unían, doce se habían desenvuelto en la distancia y en la incomunicación. Pero nunca hemos dejado de ser amigos, ¿eh?, eso es lo bueno entre tú y yo, eso es lo que nadie cambiará nunca. Le pedía que volviera a creer en él, en sus proyectos, abortados ya tres veces. Yo sólo me entiendo contigo en esto. Si no estás a mi lado, no doy pie con bola, no sé ponerlo en marcha, no sé levantar nada. Yo llevo el negocio y tú la empresa, como siempre ha sido, ¿eh? ¿Qué me dices? Otra vez la aventura. Sonrió al otro lado del teléfono. En el fondo, ninguno de los dos había cambiado. Se le iluminó la cara cuando le hizo la oferta. Los dos juntos formaban un equipo invencible que podía conseguir lo que se propusiera. Lo habían demostrado en varias ocasiones con innumerables retos. Habían nacido para eso, para ganar dinero a base de explotar ideas nuevas. Cualquier hueco en el mercado lo aprovechaban. El problema volvería a ser, como siempre, su vida afectiva. Sabía que si volvía con él, ninguno de los dos tendría tiempo para amar a nadie, aunque eso en realidad nunca les había importado. Formaban una pareja en todos los sentidos, excepto en uno, y ese se encargaban de complementarlo de fiesta en fiesta con mujeres variadas y desconocidas. Además, no les gustaba repetir. Eran un par de empresarios golfos y todavía jóvenes.

Reflexionó durante varios días la propuesta de su amigo del alma. Las dudas que le asaltaban eran las de siempre. ¿Se habrá recuperado? Miró a su compañera fijamente, con tristeza y ansiedad al mismo tiempo. Ha surgido un problema. Tengo que irme a vivir a Barcelona. Tengo que crear una empresa. Si todo va bien, podremos vernos los fines de semana. Uno vengo yo y otro vas tú. Su actual pareja no conocía a su futuro socio, ni la historia de sus adicciones, una vez conseguido el éxito económico. Por eso le pareció interesante esta nueva etapa de sus vidas. Así podrás conocer bien Barna, que es una ciudad maravillosa. Sin embargo, la complacencia de ella no ocultó la preocupación que en el fondo tenía por no saber con certeza si su amigo habría superado, al fin, sus problemas con la cocaína. Siempre le causó remordimiento haber contribuido, de alguna forma, a ese vicio, pues su socio se enganchaba a él cuando los negocios que emprendían daban el suficiente beneficio como para mantener un tren de vida alto, propicio a todos los desmanes. Bueno, ese es su problema, al fin y al cabo. Yo también necesito ganar dinero de vez en cuando. Era un buen administrador y un buen ejecutivo y tenía la cabeza bien amueblada. Las únicas experiencias como empresario las había vivido con su amigo y reconocía que sólo con él se atrevía a arriesgar su capital por la senda insegura de las sociedades limitadas o anónimas. Sabía que su formación y su inteligencia estaban adecuadas a la gestión y a la organización de empresas, pero el alma de una idea, la pasión de una iniciativa nueva en el mercado, la fe en los recursos propios y en la originalidad, eran patrimonio exclusivo de su socio. Sin él nunca se atrevería a dar un paso por su cuenta. Esa era la extraña simbiosis que entre los dos se produjo hace veinte años, cuando se conocieron en la facultad. Hicieron toda la carrera juntos, cursando las mismas asignaturas e idéntica especialidad. Pero en cualquier proyecto que ideaban, uno estaba destinado a poner el corazón y el otro la cabeza. Su amigo no conocía otra profesión que la de empresario, no sabía hacer otra cosa. Él, sin embargo, se ganaba bien la vida como ejecutivo. Pero en esa profesión siempre le faltaba la chispa del desafío y la novedad. Ahora tenía otra oportunidad de hacerse un hueco en el mercado y acumulaba muchas ideas en su cabeza, desde cinco años atrás. Su eterno socio le daba otra vez la mano y, a pesar del miedo que eso le provocaba en el afecto que le tenía y en la responsabilidad que le cargaba, su vocación empresarial, para la que había nacido, le venció una vez más, y extendió su mano para recibir la de su amigo.


© Francí Xavier Muñoz, 2008
Lo que queda de hoy… La vida, observada. Día 21

martes 22 de diciembre de 2009

NOTICIAS | México DF legaliza el matrimonio homosexual

Es la primera ciudad de América Latina en conseguirlo

EFE - México
EL PAÍS - Sociedad - 22-12-2009

El pleno de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, equivalente al Congreso local de la capital mexicana, aprobó ayer por 31 votos a favor, 24 en contra y nueve abstenciones el matrimonio entre personas del mismo sexo y una reforma que les permite adoptar. Este reconocimiento, tras el intento fallido de Argentina, todavía no existe en otros países de América Latina.
La iniciativa, que incluye cambios en seis artículos del Código Civil de la capital, establece que, en lugar de una "unión libre entre un hombre y una mujer", el matrimonio es "la unión libre de dos personas". La propuesta de la diputada Marisela Contreras, del Partido de la Revolución Democrática (PRD), contó con el apoyo del Partido del Trabajo (PT) pero fue rechazada por el Partido de Acción Nacional (PAN) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM), según informa el periódico El Universal.
En la Asamblea Legislativa, la izquierda es mayoritaria. La parlamentaria Mariana Gómez del Campo, del PAN, y varios diputados del Partido Revolucionario Institucional (PRI) reprocharon a la presidenta de la Comisión de Gobierno de la Asamblea, Alejandra Barrales, que la cláusula sobre la adopción se incluyó en el texto propuesto de forma engañosa.
Mientras, representantes de organizaciones por los derechos de los homosexuales, presentes durante el debate, aplaudieron y gritaron "¡Sí se pudo, sí se pudo!".
Ante el rechazo de la jerarquía de la Iglesia, los parlamentarios del PAN decidieron abandonar el Salón de Sesiones y un diputado del PRI anunció que su partido presentará una queja constitucional porque nunca ha estado de acuerdo con la adopción por parte de parejas del mismo sexo.
Según anunciaron los legisladores, el Distrito Federal se ha convertido en la primera ciudad de América Latina que modifica sus leyes para permitir el matrimonio homosexual. En 2006, el Congreso de la capital mexicana aprobó la llamada Ley de Sociedad en Convivencia, que proporcionó un marco legal -mediante un contrato privado- a las parejas que conviven y les concedió algunos derechos, por ejemplo la pensión alimenticia.
La nueva reforma, en cambio, reconoce a las parejas homosexuales derechos como el de la herencia, la unión patrimonial para obtener créditos bancarios y la posibilidad de recibir los beneficios del seguro social, entre otros.
La Asamblea Legislativa de México DF ha aprobado reformas consideradas progresistas, como permitir el aborto con una gestación de hasta doce semanas y una ley que protege la decisión de personas que desean interrumpir un tratamiento médico.

http://www.elpais.com/solotexto/articulo.html?xref=20091222elpepisoc_9&type=Tes&anchor=elpepisoc

domingo 20 de diciembre de 2009

MEMORIA EN CORTO | Amor y muerte en el camino

Entender la poesía no es fácil. Recitarla, es difícil. Interpretarla, y hacerlo bien, requiere dotes de buen lector, buen declamador y, además, buen actor. El viernes pasado, once de diciembre, asistí con U.E. al montaje "Amor y muerte en el camino", de Juan Antonio Quintana, actor y director de teatro de dilatada carrera y prestigio. Le acompañaban en la interpretación Jesús Gallo y Yolanda Diego. La obra traza un breve recorrido por el pasado y presente de la poesía de amor y muerte en castellano. Poemas clásicos y poemas modernos, alternados y mezclados de acuerdo a un hilo conductor que los tres actores manejan con naturalidad, emoción, seriedad y convicción, como si la poesía estuviera impregnada en su genética actoral. El montaje se representó en el Centro Cultural Moncloa, que yo no conocía, y he de decir que ha sido el mejor espectáculo de poesía que he visto nunca, quizá porque era la primera vez que contemplaba una sucesión de poemas vividos en breves recreaciones figuradas y la primera vez que la palabra poética tomaba cuerpo, imagen, y se presentaba como historia de carne y hueso, como vivencia real a través de la sentida interpretación de los actores. Una sucesión de poemas hechos cuento, narración, o una sucesión de historias contadas a través del verso métrico y libre de grandes poetas que hicieron arte de la poesía en castellano. La piel se eriza en varias ocasiones, el escalofrío te recorre el cuerpo en esos momentos en los que los actores se agitan, se angustian, lloran o se alegran de verdad, consiguiendo que te olvides de que están interpretando, al fin y al cabo, una obra de ficción. ¿De ficción? No, quizás ahí radique el éxito de Juan Antonio Quintana, Jesús Gallo y Yolanda Diego, en que en el fondo no estaban actuando, sino sufriendo y gozando en su interior más recóndito el sentimiento real de esos poetas, que quedó impregnado en esos versos que se han escogido para el montaje. Porque el poeta, aunque finja, aunque exagere, siempre escribe algo que siente y que conoce en lo más hondo de sí mismo, algo que sólo puede expresarse en forma de poema, algo intangible y, a veces, críptico, que sólo el poeta entiende, pero que al final traspasa la comprensión inmediata de la vivencia que cuenta y llega al sentimiento del lector que, aunque no pueda explicarlo, conecta con el dolor o la alegría más profunda del poeta. Cuando esto se consigue se hace útil y necesaria la poesía, se hace imprescindible leerla y escribirla, y debiera hacerse imprescindible representarla de vez en cuando, como en esta ocasión.
Sin embargo, hubo un momento inesperado en el montaje, un instante en que mi cuerpo se heló ante una emoción desconocida, nunca antes experimentada. Una sensación de breve protagonismo que yo no había buscado y del que nadie me había avisado. Jesús Gallo aparece en el centro del escenario, sentado como frente al mar y comienza a recitar un verso que yo asocio a Pablo Neruda. Sin embargo, al comenzar el segundo verso identifico el poema. Es mío, es "Agua nimia". Me deslizo en el asiento, como si quisiera esconderme para que nadie me observe, como si al reconocer el poema pensara que la sala entera lo reconocía también. No es la primera vez que alguien recita uno de mis poemas, pero sí es la primera vez que alguien lo recita e interpreta, lo vive, sobre un escenario. Y este poema, especialmente, Jesús podía sentirlo en su totalidad. Quizá por eso lo eligió. Se lo susurro a U.E. y se queda sorprendido, igual que yo. "¿Seguro?", me pregunta. Ahora cobraban sentido las palabras de Jesús Gallo, mientras ensayaba esta obra: "Tú, más que ninguno, tienes que venir a verla". Como cobraba sentido la nota que me dejó en el sobre con las entradas, que recogí en taquilla: "Gracias por hacerme entenderte mejor con tu poesía y por hacerme comprender más la poesía. Y por estar aquí. Deseo que os guste", que yo había achacado al día aquel en que le envié uno de mis poemas, "Hoy", y que coincidió con uno de sus ensayos para interpretar "Elegía a Ramón Sijé", de Lorca. Ambos poemas tratan sobre la muerte de un amigo y aquel día la casualidad hizo que nuestros sentimientos poéticos coincidieran a la misma hora, vía correo electrónico. Ahora, sin embargo, soy yo quien tiene que agradecerle la sensación que me ha procurado, única en mi vida, de momento, cual es escuchar uno de mis poemas junto a algunos de los poemas más conocidos de Hierro,  Neruda, Lorca, Alberti, Hernández o Aleixandre, y junto a algunos de los poemas clásicos de Lope, Quevedo, Góngora o Calderón. Y así lo hice el otro día, enviándole un correo, junto con un par de enlaces que descubrí en dos periódicos digitales sobre él y Juan Antonio Quintana.
La puesta en escena me gustó mucho, por su sencillez y por la alternancia bien buscada, tanto de los poemas como de los actores. Por ejemplo, el mío daba entrada a uno clásico, interpretado por Quintana, y ambos compartían al mar como elemento narrativo de la composición. La escena final fue el broche de oro que cerró la obra, una sucesión de poemas donde los versos finales de uno se mezclaban con los iniciales de otro, donde la voz de los actores se sucedía y se pisaba para terminar un poema y dar entrada al siguiente. También hubo un momento estelar que a muchos nos sumergió en la intriga, aquel en que Jesús Gallo no puede terminar de recitar un poema, pues el llanto se lo impide, y tiene que marcharse, tomando el relevo Quintana. Nos desconcertó, porque éste se dirige a Jesús con su nombre real, lo que, tratándose de actores que interpretan, no es habitual. Después de la obra, nos lo aclararon; era parte del montaje. Muy original, pues fue tema de conversación hasta que se deshizo el entuerto. Otro de los detalles que me gustó, quizá no buscado, fue la elección de las distintas edades de los actores, tres tramos bien diferenciados: juventud, madurez y senectud, que dicen mucho de la intemporalidad que comparten el amor y la muerte, temas de los poemas seleccionados. También hubo un momento para el erotismo, cuando Jesús Gallo interpreta una escena con la camisa desabrochada. Él puede, todo hay que decirlo.
Hubo varias ocasiones en que los aplausos fueron acompañados de "¡bravos!". Y, desde luego, en cuanto se recitó el último verso, yo fui el primero que se puso en pie para aplaudir. Al instante, toda la sala lo hizo. Felicitamos a Jesús en el camerino y me emocionó ver sobre la mesa mi libro "Las olas del mar", que luego me contó que había manejado para recitar y ensayar. Después estuvimos tomando una cerveza en un sitio cercano, y cambié impresiones con Jesús y Juan Antonio. De éste, al que nunca había visto en directo, me sorprendió la fuerza que tiene para el teatro, para el directo, y la naturalidad con la que su voz y su gesto te concentran en lo que está diciendo e interpretando; aparte de su prodigiosa memoria para el verso clásico. De Jesús me sorprendió su valía para el verso, que yo no conocía sobre un escenario, y la facilidad con la que se mete en la piel del sentimiento poético; aparte de reconocer que, de obra en obra, va in crescendo en su madurez interpretativa. Hasta ahora, como le dije, es lo mejor que le he visto interpretar, junto al cortometraje "Inside us". Les agradecí, con sonrojo quizá, con pequeñez y humildad, la inclusión de mi poema y les deseé larga vida con este espectáculo. Quintana me dijo que era muy probable que se interpretara en Valladolid y yo le dije que iría al estreno y le daría toda la publicidad que estuviera a  mi alcance. Me preguntó por la impresión que me causó ver mi poema intepretado y, de la emoción que le transmití, nos abrazamos. Esta era la segunda vez que nos veíamos, después de la primera en que lo conocí, en agosto, en casa de Hugo di Perna, que también estuvo esa noche allí, viendo la obra. Luego, en casa, reciclé las emociones, busqué el poema y lo leí de nuevo, recordando el camino que había recorrido desde su escritura hasta su representación aquella noche sobre el escenario. Y todavía hoy, una semana después, sigo sin poder comparar esta emoción con ninguna otra.