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viernes 8 de enero de 2010

NOTICIAS | El cónsul de Sodoma

Dirección: Sigfrid Monleón.
Intérpretes: Jordi Mollà, Àlex Brendemühl, Josep Linuesa, Bimba Bosé.
Género: drama. España, 2009. Duración: 120 minutos.

La contradicción del poeta

JAVIER OCAÑA
EL PAÍS - Cine - 08-01-2010

En el poema-dedicatoria que da inicio a su libro Moralidades, Jaime Gil de Biedma escribía: "(...) a vosotros pecadores como yo, que me avergüenzo de los palos que no me han dado, señoritos de nacimiento por mala conciencia, escritores de poesía social, dedico también un recuerdo...". Unas palabras que definen la contradictoria personalidad de un poeta que dedicó la mayoría de su vida a trabajar como ejecutivo en una empresa; de un escritor al que le gustaba más leer que escribir; de un homosexual que se enamoró de una mujer; de un hijo de familia acomodada e ilustrada al que le gustaba introducirse en la lujuria sexual de barrio bajo; de un amante de la vida sometido a experiencias íntimas autodestructivas. Un cúmulo de paradojas que Sigfrid Monleón consigue reflejar en El cónsul de Sodoma, película biográfica sobre Gil de Biedma que también es pura contradicción. A momentos estimables, incluso brillantes, le pueden suceder secuencias al borde de la vergüenza.
El cónsul de Sodoma arranca fatal. Las primeras escenas, filmadas en Manila, donde el protagonista desarrollaba su trabajo para Tabacos de Filipinas, huelen a impostura, comenzando por una discutible fotografía de corte añejo y color miel que va a marcar el resto del metraje, y terminando por una ambientación, una interpretación y unos extras que nunca logran dar verosimilitud al paseo por la degradación de Gil de Biedma. Sin embargo, pasado cierto tiempo, la cadencia de una estructura alimentada a base de poemas recitados en off, que van marcando suceso a suceso, relación a relación, la vida del poeta, va edificando un entramado argumental que, a pesar de los vaivenes temporales, fluye bastante bien. Mientras, las conversaciones entre los escritores de su generación deambulan entre la sinceridad de las charlas de estilo con Juan Marsé (tanto de vida como de literatura) y la forzada solemnidad sentenciosa de ciertos diálogos políticos.
Fiel a su costumbre, Jordi Mollà arriesga con un papel de composición que al principio provoca alzamiento de la ceja, pero que logra convencer por su huida de la imitación y por saber reflejar una extraña mezcla de dolor y ternura. Así, su trabajo y los esporádicos aciertos de Monleón acaban reviviendo a todo un personaje que arrastra por su diversidad, por su potencia: "Un maricón inteligente", como lo define, de forma más elogiosa que insultante, un policía de la Brigada Político-Social. Un hombre brillante, esencialmente contradictorio, que se hace carne en el temerario último plano de la película, quizá soberbio, quizá kitsch, quizá camp: Gil de Biedma es un muerto en vida que ya no puede actuar, sólo observar, al ritmo del Always on my mind de los Pet Shop Boys. "Que la vida iba en serio / uno lo empieza a comprender más tarde", escribió el poeta. Menudo epitafio.

http://www.elpais.com/articulo/cine/contradiccion/poeta/elpepuculcin/20100108elpepicin_8/Tes


Controversia en Sodoma

Juan Marsé arremete contra la película sobre el poeta Gil de Biedma

JESÚS RUIZ MANTILLA - Madrid
EL PAÍS - Cine - 08-01-2010

La falta de costumbre aviva los ánimos. El cine español, muy rácano en esto de hurgar en las vidas de artistas a fondo, estrena 2010 con El cónsul de Sodoma, película bautizada ya con controversia, sobre uno de los poetas más importantes del siglo XX. Jaime Gil de Biedma (Barcelona, 1929-1990) da para mucho. Una vida fuera de sitio, una obsesión de continua bajada a los infiernos, un perfeccionismo cabal de quien decía querer ser poema, no poeta, y la imagen de un creador muy vivo aun entre los suyos han originado ya un vendaval de adhesiones y ataques poco común.
El trabajo del director Sigfrid Monleón, protagonizado por Jordi Mollà, ha levantado algo así como parecido a la ira entre algunos de los escritores que conocieron bien a Gil de Biedma. Para muchos, el resultado distorsiona el espíritu y la carne del poeta. Se inclina hacia el hombre escabroso, propenso a las experiencias duras, asiduo de chaperos y bajos fondos, más que otra cosa. Juan Marsé abandera la corriente contraria. Aparece como personaje en El cónsul de Sodoma, pero abomina del resultado: "La película es peor que mala. Es una ofensa a la memoria del poeta por su estupidez y su grosería, algo que va más allá de su absoluta insolvencia cinematográfica", opina el autor de Últimas tardes con Teresa.
No le ha gustado a Marsé nada verse en ella por insistencia de su agente, Carmen Balcells, que le envió un DVD. "Me resulta grotesca, ridícula, falsa, inverosímil, sucia, pedante, dirigida por un fallero incompetente y desinformado, mal interpretada, con diálogos deplorables. Es una película desvergonzada, de título infamante y producida por gente sin escrúpulos", ataca el novelista barcelonés.
Sigfrid Monleón asegura que tiene más miedo de la crítica que de los literatos ante el estreno de la película, pero a juzgar por la reacción de Marsé, probablemente cambie las preferencias. "Yo he querido hacer una película sobre una buena persona que vive un mal guión: un país de pobre ambiente social e intelectual en el que, aun así, se empeña en dejar algo que merezca la pena, algo útil poéticamente hablando", afirma Monleón.
También Jordi Mollà se ha enfrentado al personaje con ese ánimo: "Es un desubicado, incluso con las personas más cercanas. Él mismo es su peor enemigo. Nunca encontró realmente su sitio. Ni en la clase en que nació, la alta burguesía catalana, ni en el país en el que vivió. La intimidad era el único territorio en el que se le podía reconocer a fondo", asegura el actor.
La intimidad y su poesía. Escasa pero primordial y reunida, por ejemplo, en la antología Las personas del verbo (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores). Un ejercicio permanente de cruda desnudez, de lucha contra los espejismos del pasado, de la juventud, del amor, del paso del tiempo. Un intenso viaje hacia la demolición de convicciones, buenas costumbres, solo fiel a la construcción de una identidad propia en poemas como Contra Jaime Gil de Biedma: "De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso, /dejar atrás un sótano más negro /que mi reputación -y ya es decir-, /poner visillos blancos /y tomar criada, /renunciar a la vida de bohemio /si luego vienes tú, pelmazo, /embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes, /zángano de colmena, inútil, cacaseno, /con tus manos lavadas, /a comer en mi plato y a ensuciar la casa".
La poesía era un arma de deconstrucción salvaje para Gil de Biedma. Un ejercicio de introspección basado en el estudio de sus resortes y la experiencia vital. Escribía lento. Ese mismo autorretrato se lo pasó una vez a su amigo Alberto Oliart, también poeta, ex ministro de UCD, hoy director de RTVE. "Le dije, creo que has escrito una obra maestra, Jaime. Él me respondió: 'Un año he tardado en hacerlo". Oliart no ha querido ver la película. No le interesan los aspectos morbosos, aunque cree que su bisexualidad fue un aspecto crucial en su vida. Algo que recoge el biopic, con la relación que Gil de Biedma mantuvo con Bel (Bimba Bosé), la mujer a la que amó profundamente y cuya pérdida, por accidente, le condujo a un intento de suicidio.
Tampoco Colita, fotógrafa de cabecera del poeta, ha querido ver la película. Eso que también aparece como personaje: "Ni la he visto, ni tengo ganas, creo que Jaime sale aburridísimo, pobrecito, con lo divertido que era. No me interesa nada y no quiero cabrearme", comenta.
Sí lo ha hecho Javier Alfaya, también amigo de Gil de Biedma. Y la defiende. "Es que el retrato es muy acertado. Jaime era así", asegura. Así de elegante y desenfrenado, así de altivo y pegado al barro. Tan adepto al comunismo en tiempos como heredero de una gran fortuna, tan ingobernable como disciplinado y devoto del estudio de la obra de sus poetas de cabecera, de Baudelaire a T. S. Eliot; de Pessoa y Antonio Machado a Auden.
También el poeta Luis Antonio de Villena está entre los partidarios de la película, aunque con reservas. "Es una película digna. Nueva para el cine español en el que hasta ahora, para definir a un personaje importante, debían hacerlo como a un santo de la iglesia. Aquí, Jaime aparece como era, desnudo de cintura para abajo, como diría él. Con sus sombras, su doble vida y su mala conciencia. Tiene errores, pero nos fijamos más quienes le hemos conocido, creo que el espectador que llegue a él mediante la película querrá leerlo y conocerlo más a fondo", comenta De Villena.

http://www.elpais.com/articulo/cine/Controversia/Sodoma/elpepuculcin/20100108elpepicin_6/Tes

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