A Jesús Gallo
El verso arrebataba
el camino que habíamos andado
y, sin embargo, todo parecía
converger en el punto que dio inicio
a la proximidad aquella tarde
de verano caluroso en Madrid.
Mis versos recitados en tu boca,
interpretados al borde del acantilado,
me despertaron del insomnio
de los días abocados de nuestra existencia.
Sentí con ellos mi cuerpo desnudo,
tal y como se quedó al escribirlos,
y sentí con tu voz el ánimo descubierto,
tal y como pretendió siempre el poema.
En la voz imposible de mis labios,
que hizo del amor una quimera perseguida
-desorientada en las noches de bebida y olvido-,
se acalló por unos momentos
el grito que mantuvo indemne su rebeldía.
Tu voz sobre el escenario destejió los hilos
de los que estaban cosidas las frágiles hadas
que alimentaban tantas horas de poesía.
Recitaste con mis versos la verdad del poema
y, al igual que tu camisa en el suelo,
sentí que tu aliento se volvía inalcanzable.
Luego tu voz, repuesta, se incrustó en el silencio
expectante de los espectadores
y vertió en el aire un ritual de acentos y rimas,
declamadas con el dolor ajeno
que, sin embargo, habías hecho tuyo al instante.
Te convertiste todo tú en poema
y le diste, así, un buen motivo a la poesía
para moldearse en espectáculo.
Luego en casa, ya apagadas las luces
y desarmada la tramoya entre bambalinas,
comprendí que en aquel teatro fuimos tan solo uno
sin que fuera necesario explicarlo.
© Francí Xavier Muñoz, 2010
Buscando formas. Poesías completas. Libro VI
1 comentarios:
Si que fuimos uno sin explicarlo pero al final lo has explicado muy bien. Muchas gracias por la dedicatoria. Gracias por tus bonitos y sobre todo acertados versos.
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