El senador republicano Roy Ashburn, miembro de la cámara alta de California, ha revelado su homosexualidad, a pesar de haberse opuesto siempre, como legislador, a cualquier ampliación de derechos para gays y lesbianas. No lo habría confesado de no haber sido descubierto, pauta de comportamiento habitual en este tipo de farsantes. Lo más llamativo del asunto es lo que ha declarado: "era mi deber representar las opiniones de mis electores y no las mías", convicción típica de quien está enfermo de hipocresía. ¿Cómo puede representar a nadie alguien que no es capaz de representarse a sí mismo? No contento con eso, además dice que ahora sus electores merecen una explicación. ¿Y cuándo lo eligieron no la merecían? La actitud de Ashburn pone de manifiesto, una vez más, el daño irreversible que causa la enfermedad de la hipocresía cuando, quien la padece, representa a colectivos con ideas contrarias a las que practica el enfermo en su intimidad. Es ésta de la hipocresía una enfermedad contagiosa de la que, incluso, se hace dogma no solo en ciertos colectivos, sino también en partidos políticos e iglesias. El mejor antídoto contra esta epidemia, como se ve, no es otro que la divulgación de los actos que practican aquellos que hacen apología y bandera justo de lo contrario.
© Francí Xavier Muñoz, 2010
A diestra y siniestra
Cartas al Director y un grito desesperado. Vol. III
2 comentarios:
Entiendo tu postura, y tu cabreo, pero ha sido una de las mejores jugarretas del destino jamás vistas, parece sacada de la peli la jaula de las locas
to el mundo enfermo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
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